martes, 7 de julio de 2015

Messi "se hartó" de Maradona

Messi no es el Maradona de los ‘80. Diego y Lionel son jugadores diferentes con personalidades totalmente distintas. Maradona tenía un temperamento avasallante y que contagiaba al resto. Messi no posee ese espíritu. A Diego se lo divinizó porque él quiso ser Dios. A Lio no le interesa ser todopoderoso. Al astro del Barcelona le alcanza y le sobra con ser el mejor jugador del mundo.

Diego fue edificando su propio altar desde que era joven y cuando sus sueños estaban lejos de cumplirse. Messi no desea habitar el sagrario que muchos pretenden construirle para continuar el rito de la comparación. Hay hombres que -gracias a sus aptitudes o voluntades- logran instalarse en la memoria colectiva producto de lo que hacen, lo que dicen o lo que transmiten. Lio solo transfiere lo que hace con sus pies.
Exigirle al “diez” de la Selección lo mismo que le reclamábamos a Diego es injusto y arbitrario. Ambos adquirieron hálitos disímiles, con trayectorias antagónicas, influencias culturales incomparables y entornos dispares. A Maradona le brotaban gestos genuinos por su naturaleza combativa, aunque también era criticado por el juego antes de México ’86. Sin embargo, nunca se le cuestionó la entrega. Messi es víctima de las demandas que lo atormentan porque le pedimos –entre otras cosas- que aflore un espíritu belicoso.

Messi es cerebro y pies. Diego era cerebro, pies y corazón. Y contrastarlos siempre será odioso. Mientras el ex entrenador de la Selección se situó en su pedestal, el multicampeón catalán solo pretende deleitarse dentro de una cancha. Así, la presión que el medio y el mundo del fútbol instalan sobre Lionel termina haciéndole daño innecesariamente. Tal vez, Messi no quiera ser líder, responsable o conductor y simplemente desee ser uno más, como en Barcelona. Entonces, ¿de qué sirve armar un equipo alrededor de Lio? Probablemente, ese sea el error táctico de los entrenadores, quienes deben asumir su cuota de compromiso. Los antecesores de Martino decían que había que montar un esquema similar al del Barcelona para que la figura se sienta a gusto. Claramente, ese nuevo paralelo también destruyó al crack. Messi va a estar pleno en Argentina cuando se sienta un jugador más.

Todos descargan presiones sobre Messi al encomendarle que sea un “salvador”. Debemos evitar trasladarle más encargos. La capitanía podría ser otra cuestión a evaluar, ya que Mascherano es el líder espiritual del grupo. Si le quitamos las cargas extra (asuntos de espíritu, liderazgo o conducción), Lio asumirá automáticamente las responsabilidades futbolísticas, sin perder de vista las metas reales porque sus cualidades técnicas son insuperables.

Tanto en la Copa América como en el último Mundial, Messi fue víctima de su propio “ausentismo”. En Brasil, tuvo una buena primera ronda, aunque su figura se diluyó en la segunda etapa. Todos esperamos que Lio levante un trofeo y, para que ello suceda, primero hay que tomar nuevas decisiones: en lo futbolístico y en referencia al plantel. Martino tiene que convocar a los jugadores que él crea convenientes para instalar un esquema acorde a las pretensiones de un conjunto poderoso. La idea táctica debería ser prioritaria para que Messi encaje en el modelo como un jugador más.

Entre otras cosas, pedirle a Messi que cante el himno es absolutamente innecesario. Al contrario de sus compañeros, él creció en España. Eso no quiere decir que no sienta la camiseta Argentina. Posiblemente, no pueda profesar aspectos culturales al ciento por ciento, como Diego, pero este reclamo de excesivo nacionalismo es estúpido. El GEN maradoniano no está en su ADN. La transmutación entre España y su Rosario natal o entre Barcelona y la Selección podrían ser mucho más que 10.000 kilómetros.

Luego del triunfo ante Colombia, el ídolo argentino dijo: “es terrible lo que me cuesta hacer un gol con la Selección. Hoy tuve jugadas muy claras y no pude meterla”. Hubo una mezcla de satisfacción por el resultado y cierta desazón típica de un competidor nato. Claramente, Lionel trabaja este tema desde su pensamiento. La falta de goles o los desempeños oscilantes generaron una avalancha de críticas contra el cometa argentino. La carencia de lucidez disparó contra su futura convocatoria. Que quede claro que Messi no puede faltar, aunque tampoco debe ser el redentor del equipo. Esa imposición lo arruina.

Ciertamente, Lio no puede soportar la mochila que tenía Diego porque las personalidades son opuestas. Si pretendemos que “el enano” solucione mágicamente los problemas de “garra” de la Selección, estamos encarando todo al revés. Messi no contagia de esa forma y hay un solo Mascherano. Maradona era el epicentro de las cargas y el distribuidor de energías. Si lo que falta es “entrega”, hay que encontrar más referentes. Son sus compañeros los que deben trasladárselo a él porque Messi no tiene esa virtud o, mejor dicho, su potestad de entrega pasa por una gambeta o un tiro al arco. Se espera que, además de jugar bien, también transmita fiereza. No obstante, lo que no se forja desde un individuo se debe crear colectivamente. Por lo tanto, la personalidad del grupo debe construirse grupalmente para enfocarse en Lio.

Asimismo, el entrenador deberá buscar otros jugadores para que aporten soluciones a los problemas futbolísticos. ¿Cuánto hace que Zavaleta es titular y aún no aprendió a tirar un centro? ¿Biglia entiende la diferencia entre "poner" y pegar? ¿Di María jugará alguna vez en búsqueda de sus compañeros? Hay más interrogantes, pero para descansar en las buenas, se demostró que Pastore es convocable y que Otamendi es el central que faltaba.

Las falencias futbolísticas tiene que ver mucho con el armado del mediocampo. Ya no se juega con volantes que marquen o jueguen. Hoy en día, los mediocampistas deben hacer ambas cosas y, además, brindar un plus. Martino tendrá que trabajar para encontrar jugadores mixtos, como tienen Alemania, España o Francia. El dinamismo en ese sector del campo es elemental para achicar espacios y Argentina cede demasiado terreno cuando lo atacan.

Por último, Martino necesita perfilar la idea de juego con cierta identidad. Cualquier pensamiento estratégico debe ser con Messi en la cancha. Y Lio solo tiene que jugar. Debe ser uno más. No busquemos su dependencia. Así podrá regalarnos todas sus genialidades, pero no le exijamos actitudes que afloren desde el corazón, que es sólo suyo y él decide compartirlo a su modo. Basta de comparaciones. A Messi le brotan cualidades desde sus pies.