martes, 29 de abril de 2014

Hablemos de táctica: de Sudáfrica a Brasil

La máxima expresión contemporánea del fútbol vistoso, lucido y efectivo cosechó sus frutos en el Mundial de Sudáfrica 2010, tras largos años de supremacía física y bajos niveles de seducción. España se coronó campeona por primera vez en su historia, reabriendo un debate añejo, pero con fuertes deseos de resurgimiento. La fortaleza alemana de Beckenbauer y las genialidades de Maradona fueron los últimos grandes retratos con equipos destacados y ganadores. Aún es difícil introducir en la memoria mundialista aquellas pinceladas de la exquisita Francia del ´98. Mayor es el trabajo cuando hay que rememorar escenas de la explosión brasileña en Corea-Japón. Cuanto más nos acercamos en el tiempo, los recuerdos se diluyen fácilmente.  Esto ocurre en nuestra enciclopedia emotiva de los mundiales de fútbol.
Posiblemente, la reiteración de imágenes o el deseo de recuperar un pasado mejor nos engañan cada cuatro años. Tal vez, las jornadas épicas, las frustraciones y las fábulas de los “cracks” ya retirados agudizan la nostalgia. Así, solo retenemos las jugadas, los goles o las grandes hazañas, olvidándonos de lo táctico y lo estratégico.
El Mundial de Sudáfrica plasmó en las pizarras una innovación táctica ensayada en Europa durante la segunda parte de la última década. Fue una variable al 4-3-1-2 reciente y al 4-3-3 de los ochenta, combinando ambos planteos y potenciando algunos puestos que parecían no tener cabida en los esquemas tradicionales. La confirmación del 4-2-3-1 en la Copa 2010 ha sido un cambio mínimo, aunque evolutivo. Por ejemplo, regresaron los delanteros externos luego de que el planeta entero decidiera jugar, a partir de los ´90, con uno o dos hombres de punta. Asimismo, los estrategas, enganches o “diez,” que quedaron boyando por Sudamérica o por la Europa de segunda línea también renacieron tras el breve lapso que duraron el 3-4-1-2 o el 4-3-1-2.
No todas las selecciones jugaron de esta forma. Varios entrenadores continúan utilizando los “noventosos” 4-4-2 o 4-4-1-1 que hemos visto desde Italia ´90. A pesar de ello, y teniendo en cuenta las variables tácticas, la presencia de cuatro defensores continúa siendo la postura predilecta. De hecho, hace más de 40 años que la mayoría de los equipos juegan con cuatro hombres en el fondo. Hoy en día, la utilización de tres marcadores es esporádica o se aprecia en algunos pasajes de un partido, cuando se desprenden los laterales hacia el ataque.
Esta forma de defender le sigue transmitiendo mayor seguridad a los entrenadores, teniendo en cuenta la premisa táctica que dice que “las formaciones se arman de atrás para adelante”. Más allá de las teorías, casi todos los entrenadores consideran que utilizar dos marcadores centrales y dos laterales brinda mayor resguardo a la defensa. Además, se aprovecha mejor el uso del ancho de la cancha para cubrir los espacios. Proyectando el futuro y revisando el pasado, esta postura táctica no cambiaría próximamente. Este sector de la cancha es el que menos variables asimiló en los últimos tiempos, mas allá de lo expuesto por Carlos Bilardo con la selección Argentina en México ´86, implementando un estricto 3-5-2, cuando las potencias comenzaban a mutar del 4-3-3 al 4-4-2.
Justamente, el 4-4-2 ha sido uno de los sistemas más criticados, producto del retroceso futbolístico observado en Italia ´90 y EE.UU. ´94, donde las premisas defensivas se impusieron con efectividad. En plena crisis, los futbolistas habilidosos y los estrategas tuvieron que encontrar “su lugar” dentro del campo. Así, algunos de ellos se convirtieron en “medias puntas” y otros retrocedieron para plasmar su jerarquía hacia el centro del mediocampo. Parecía que los especialistas se acababan, aunque surgieron los “volantes mixtos”, capaces de marcar, recuperar, avanzar, crear y dar pases de gol.
Ejemplificando, un creativo podía jugar en un esquema 4-4-1-1 en tres posibles ubicaciones: de medio centro, de volante lateral o como media punta. Quienes se adaptaron en el medio campo o en el ataque pudieron subsistir, pero los que jugaron por los costados estuvieron impedidos para desarrollar su juego ofensivo con una visión de campo periférica. No obstante, estas complicaciones posibilitaron que el “relegado” pueda reinventarse; aunque muchos sucumbieron ante la táctica y allí comenzó otro conflicto por la ausencia de especialistas en dichas posiciones. 
El enlace o estratega específico no tenía lugar y la rebelión se hizo escuchar. Con el 4-4-2 prácticamente ensamblado en todo el planeta, surgió una variable para reinsertar al eslabón perdido. El 4-3-1-2 fue el mejor planteo para el desempeño de este tipo de futbolista. El viejo “diez”, volcado anteriormente en un 4-3-3 sobre el medio izquierdo se tiró unos metros al sector interno. Además, el sistema volvió a considerar al volante central como un monopolizador del corte y la salida del equipo, por lo menos, desde el sector medular, y también le dio mayor relevancia –aunque nunca la había perdido- a los volantes externos, mal llamados “carrileros”. Por suerte, los medio campos fueron mas dinámicos. A pesar de ello, el esquema triunfó en Sudamérica, ya que Europa mantuvo con firmeza la tradición heredada de Italia 90´.
En ese rumbo, se superpusieron en la pizarra el 4-4-2 establecido en el viejo mundo y el 4-3-1-2 sudamericano, dando origen a lo que considero el avance metódico de Sudáfrica, que fue el 4-2-3-1. Sin referirnos a la defensa, por el congelamiento de los cuatro hombres en la historia de este deporte, analizaremos el medio campo.
La ubicación de los dos volantes en el centro se asemeja al juego estratégico del 4-4-2. Pero como el fútbol es dinámico y, por lo tanto, las posiciones también, estos dos volantes centrales no son mellizos. Generalmente, uno está más replegado que el otro. Esto le da mayor protección a la línea de cuatro ante un contragolpe, sobre todo porque ambos tienen la obligación de marcar. El que juega más adelantado se encarga de cumplir todas las funciones del medio campo, incluida su participación en ataque. A grandes rasgos, el crecimiento táctico obligó a que los dos tengan que hacer tareas similares y/o diferentes.
Delante de estos dos volantes centrales se ubica una línea de tres. Acá vamos a encontrar la variable más trascendente que ha tenido el Mundial de 2010. Este trío de jugadores de la línea ofensiva pueden tener distintas cualidades. Quienes se ubican por las bandas, izquierda y derecha, pueden ser volantes, marcadores de punta, medio campistas, volantes ofensivos o delanteros externos. Sin embargo, en Sudáfrica vimos cómo se desempeñaron quienes en los ´80 denominamos “wing”, hoy media puta. La explotación de este sector del campo le da al entrenador la posibilidad de incluir tanto a un delantero como a un mediocampista. Esto es indistinto, el técnico decide en base a las características de cada jugador y a lo que pretende del equipo. Un entrenador más defensivo pondría en el terreno a uno o dos laterales para proteger un sector en lugar de proponer una actitud más ofensiva.
En el puesto central, el tridente puede contar con un enganche o un delantero, siendo el primero un organizador del ataque. La otra opción sería incluir otro delantero para jugar junto al “nueve” de área.
Analizando la final España-Holanda, la selección Naranja contó con un “doble cinco”, con De Jong y Van Bommel, uno represivo y el otro más dinámico. Por delante de ellos, Robben, Sneijder y Kuyt eran los tres jugadores del tridente ofensivo, previo al delantero Van Persie.
España prefirió jugar con un esquema acorde a los jugadores que tenía y jugó con el rombo tradicional español, con Xavi, Xavi Alonso, Busquets e Iñiesta, más Villa y Pedro adelante. Así, Del Bosque dispuso un 4-2-2-2 flexible. La selección Ibérica ha sido un caso particular, donde se diagramaron distintos esquemas en uno, producto del desempeño de los jugadores, la calidad técnica y las ideas del entrenador. Desde la cancha, los jugadores transmitían total convicción del trabajo. La premisa fue mantener el dinamismo posicional a través del juego asociado con tenencia y traslado del balón. Además, los cuatro medio campistas tenían libertades para trasladarse por distintos sectores del campo.
Otras selecciones, como Brasil y Chile, comenzaron el Mundial con esquemas diferentes, aunque el “Scratch” fue mutando hasta disponer del esquema 4-2-3-1. En principio, Alves, Gilberto y Ramires eran los volantes, más delante se posaron Robinho y Kaká, y finalmente Luis Fabiano hizo de “capo cannonieri”. Brasil cambió del 4-3-2-1 a un 4-2-3-1, donde Elano/Alves, Kaká y Robinho culminaron actuando en el tridente creativo.
Chile tuvo un juego muy preponderante, avasallante, de mucha vorágine y cargado de verticalidad, con cuatro defensores, tres volantes y tres de punta. Por momentos, el equipo de Marcelo Bielsa defendió con dos jugadores y atacó con el resto. Un sello “bielsista” que le quitó a Chile el mote de ir “a pasear” a la Copa. Argentina continúa retrocediendo futbolísticamente, a pesar de sus grandes valores individuales, y aún debe resolver su plan de juego. Es más, en Alemana 2006, con José Pekerman como director táctico, fue una de las pioneras en el ensayo del 4-2-3-1, juntando a Messi, Tevez, Riquelme y Crespo. En la Copa de Sudáfrica, el equipo de Maradona dispuso de cuatro defensores, tres medios y tres delanteros, algo similar a Uruguay. Por su pare, Italia se animó al cambio cuando se complicó su permanencia en la Copa: salió del 4-4-2 tradicional y utilizó  más jugadores ofensivos.
Francia terminó muy mal, pero fue una de las potencias que tradujo fielmente la expresión del esquema referido. Toulalan y Diaby eran los medio centro; Govou, Gourcuff y Ribery los del tridente ofensivo y Anelka el delantero, siendo Henry y Malouda variantes de ataque. Mas allá del desempeño de esta selección, Toulanan mostró algunas cualidades interesantes del puesto, por su impronta y técnica fue un jugador clave para este esquema. 
Los equipos africanos también jugaron de esta forma y, por lo menos, con buenos rendimientos de Ghana y Costa de Marfil. Las “Estrellas Negras” han sido grandes exponentes del 4-2-3-1. Annan y Prince Boateng fueron los volantes centrales; Tagoe, Ayew y Asamoah los tres ofensivos, mientras que Gyan actuó de punta. En el caso de “Los Elefantes”, Yaya Ture y Tiote ocuparon el medio; delante estaban Eboue, Dindane y Keita, y Drogba era el as del área.
Alemania también optó por el esquema de Sudáfrica y fue de los mejores, volcando varios jugadores en la ofensiva, pero con obligaciones en defensa. Khedira y Schweinsteiger oficiaron de volantes –más el aporte de los laterales Lahm y Badstuber pasando al ataque-; en el tridente aparecieron Mueller -casi un wing derecho-, Ozil y Podolski, siendo el infalible Klose el hombre gol. Los germanos realizaron variables, por ejemplo, cuando Ozil se paró de enganche clásico y Podolski se adelantaba para jugar pegado a Klose.
En consecuencia, el 4-2-3-1 posibilita tener una matriz de ubicación en el campo para cada jugador, según sus características y el trámite del partido. Por ejemplo, si el equipo está ganando y hay que defender, los dos extremos de la línea de tres ofensiva retroceden por su sector como “carrileros”. Además, el medio centro ofensivo baja y el delantero tapa la salida. De este modo, a la defensiva, el 4-2-3-1 se puede transformar en un hermético 4-4-1-1. En tanto, cuando el equipo ataca, los integrantes del tridente ofician de delanteros externos más el avance de uno de los medio centros. Así, puede haber dualidad de funciones.

Este ha sido el avance táctico de la década y, por el  momento, no se vislumbran variantes hacia Brasil. Sudamérica no atesoró el 4-2-3-1, salvo algunos equipos brasileños. Da la sensación que la defensa de cuatro hombres tendrá una permanencia definitiva en el deporte más trascendente del planeta. Mientras tanto, lo que suceda de mitad de cancha hacia adelante dependerá de los entrenadores. Muchas veces, la evolución va de la mano de las ideas y el 4-2-3-1 de hoy se adapta perfectamente al fútbol que se juega.