miércoles, 18 de junio de 2014

Gago y Messi se destacaron ante Bosnia

La presentación Argentina no fue la esperada. Como de costumbre, y sobre todo para el resto del mundo, los nombres generan mucha expectativa en la opinión pública. Sin embargo, la conformación del equipo aún es una tarea pendiente para el entrenador. Lo fue para Maradona en Sudáfrica y, anteriormente, para Sergio Batista luego de la era Pekerman. La selección albiceleste llega a una cita cada cuatro años sin un proyecto plasmado en su juego, carente de un plan estratégico e improvisando según lo que decidan los jugadores en la cancha.

Bosnia fue más de lo esperado, producto de lo anteriormente mencionado y del desconocimiento del rival. Esta temática lleva a la Argentina a ser candidata al título constantemente, en virtud de las eliminatorias y los amistosos, aunque en las Copas del Mundo florecen los puntos débiles. La preparación es solo física y eso no alcanza.

Con jugadores en las ligas más importantes de Europa, el conjunto europeo se paró con un esquema 4-3-3, con un mediocampo combativo y también dinámico, una defensa que proyectó a sus laterales y con un hombre de punta, asistido por los extremos, quienes jugaron más retrasados.

Alejandro Sabella llegó con dudas al primera partido de Brasil 2014 y dudó respecto al esquema a utilizar. Posiblemente, se habrá dado cuenta –algo tarde- de que el resto de los participantes se protegía mejor que su seleccionado. Si a esa disyuntiva le sumamos el desequilibrio de su equipo, producto del potencial ofensivo y de la débil defensa, tendremos el resultado de disputar el primer compromiso de la competencia con un esquema 5-3-2.

De entrada, Bosnia se agrandó y probó. El esquema argentino se partía en dos cuando Messi y Di María atacaban y, al mismo tiempo, cuando la defensa se replegaba ante los contragolpes que armaban Besic y Pjanic. Así, la celeste y blanca se estiró, facilitando el avance bosnio. Sin embargo, el gol tempranero en la propia valla del conjunto balcánico simplificó el primer dilema de Sabella.

Luego, se dio un trámite más parejo, donde Argentina se replegó y Bosnia buscó la igualdad. El sistema era de 5 defensores, con tres centrales y dos laterales volantes. En el Mundial, algunos equipos formaron con tres centrales, pero los que oficiaron de laterales eran jugadores polifuncionales, más volantes que defensores, casos Holanda o México. En el caso argentino, Zavaleta y Rojo colaboraron para empeorar, ya que el equipo jugó más a lo ancho que buscando profundidad.

Este último aspecto, sumado a la “idiosincrasia” localista de jugar con la tenencia del balón y hacerlo rotar permanentemente, con un estilo similar al fútbol de las décadas del ’70 y ’80, postergan la maduración. Los representantes europeos juegan a un toque, en velocidad y con una dinámica envidiable. La mayoría de los conjuntos sudamericanos hacen lo contrario, trasladando la pelota hasta el hartazgo y demostrando incapacidad de resolución en cámara lenta. Solo con el ingreso de Gago en el segundo tiempo esta tendencia cambió y Argentina mejoró.

Otro de los errores del entrenados argentino, ante el temor de su zaga, fue superpoblándola, en vez de reforzar la primera línea defensiva, esto es el mediocampo. Solo Mascherano intentó recuperar pelotas perdidas, mientras Di María atacaba y Maxi Rodríguez pasaba desapercibido. Además, Messi no tenía socios, a excepción del hombre del Real Madrid. Continuando con las falencias, muy pocos jugadores argentinos actuaron en sus puestos, es decir, aquellos que ocupan en sus clubes permanentemente. En consecuencial, durante el primer tiempo, Argentina demostró desconcierto.

Una genialidad de Messi y el gran trabajo de Gago en la segunda parte resolvieron el triunfo para arrancar el torneo con tres puntos. Las variables tácticas resolvieron en parte los conflictos y, posiblemente, este esquema no se repita. Sin embargo, Argentina deberá encontrar las soluciones rápidamente para aumentar sus chances de jugar los siete partidos, algo que, por el momento, es solo hipotético.