viernes, 11 de julio de 2014

El milagro argentino

Argentina superó a Holanda por penales y jugará la final ante Alemania. Para ambos, es el partido más esperado de los últimos 24 años. Holanda continúa sin poder dar el salto final para consagrarse. Cómo jugó y llegó el conjunto sudamericano a una instancia decisiva luego de un inicio tan cuestionado.

De menor a mayor, muy lentamente, fue creciendo el seleccionado argentino para alcanzar su quinta final de campeonato del mundo. Luego del 0 a 0 y la definición por penales, el conjunto de Alejandro Sabella deberá enfrentar a Alemania, la gran potencia europea. Ante los “naranjas”, el pleito fue bastante parejo: con dominio repartido del balón y escasas situaciones de gol, el juego se planteó en la franja media. En muy pocos tramos, la pelota transitó por las áreas. Algo muy distinto a lo que venía sucediendo en la Copa, con partidos dinámicos de ida y vuelta permanente.

En el alargue, Argentina pareció demostrar que estuvo más cerca de ganarlo, aunque la acción de Mascherano sobre Robben fue determinante. A pesar del cansancio, se generaron más jugadas de peligro en la adición que en el tiempo reglamentario. Allí Palacio tuvo el triunfo con un remate de cabeza, pero fue demasiado débil. Del mismo modo, Maxi Rodríguez pudo haber definido con un disparo de volea. Previamente, el compromiso careció de lucimientos.

Holanda llegaba como favorito porque había demostrado un fútbol de alto vuelo durante la primera fase y contó con jugadores en gran nivel, como Robben y Van Persie, y en menor medida De Jong, Vlaar y Blind. Al revés de lo sucedido con Argentina, los Países Bajos fueron un equipo excelente en la primera fase y menos peligroso en la etapa eliminatoria. De hecho, tampoco anotaron goles ante Costa Rica.

Por su parte, la selección albiceleste tuvo desempeños mediocres en la fase inicial, habiendo ganado ajustadamente ante equipos de menor valía y disponiendo de una formación demasiado ofensiva. Pero el Mundial le avisaba a la Argentina que debía conformar un medio campo fuerte para avanzar. El equipo se había armado con jugadores en bajo nivel (Messi en Barcelona) o con lesiones por curar (Gago, Higuaín, Agüero). Con las dudas iniciales del esquema, jugadores que no actuaban en sus puestos y varias improvisaciones, Argentina sufrió de entrada y dependió -casi exclusivamente- de las dos o tres jugadas que Lio Messi ofrecía por partido. Muy poco, y el esquema no ayudaba...
Ubicar a cuatro delanteros -Messi, Higuaín, Di María y Agüero- para que se asfixien contra las defensas fue una medida populista e inapropiada. Además, Gago, Zabaleta y Rojo se sumaban a la línea de gestación para dejar desprotegida a la defensa que Mascherano, Garay, Fernández y Romero debían rearmar desesperadamente ante alguna contra rival. Bosnia, Irán y Nigeria pudieron haber conseguido mejores resultados y hasta hubiese sido justo en alguna ocasión.

Ya en octavos, Lavezzi reemplazó al Kun para darle un poco más de respiro y colaboración al mediocampo. Ante Bélgica, pasó algo similar con el ingreso de Biglia –le dio respiro a Mascherano- y  la presencia de Demichelis. Así, Argentina jugó su mejor partido de la Copa. Obstaculizó a los “diablos” y dió un golpe mortal a los pocos minutos de juego. Con solvencia, energía y solidaridad, la Selección forjó lo que luego confirmó contra Holanda.

Los cambios -estratégicos y de nombres- más el espíritu de lucha de los futbolistas, generaron la mutación. Un claro ejemplo fue la actuación de Enzo Pérez, quien jamás había justificado su citación al combinado rioplatense. El ex Godoy Cruz jugó de titular y encajó perfectamente en el esquema de Sabella, siendo relevante por su presencia en el área de enfrente y en el despliegue para la recuperación del balón. De igual forma, Demichelis se sumó a la zaga con gran oficio, acortando distancias con los atacantes y brindando seguridad con su presencia y sus quites.

En lo conceptual, el equipo juega más corto y no tan estirado como antes. Ahora aprovecha mejor los tiempos del partido y no sale tan desesperado para cazar a su presa. Luce más equilibrado, tras las quejas de Mascherano porque se dio cuenta que tan solo en el medio no podía. Del lado del vaso vacío, Lio Messi aportó cada vez menos al encerrarse muy cerca del “Pipita” Higuaín. Y a medida que los partidos se complican, también se aferran las marcas hacia el astro argentino. Además, sin Di María fue complicado generar diagonales y buscar sociedades.

Atrás quedaron las discusiones del juego sudamericano, de la voracidad y tenencia de la pelota para hacer daño. Es hora de que la discusión sea por “cómo progresar”. Argentina estuvo al borde de cosechar malos resultados ante Irán, Nigeria y, posiblemente, Suiza por querer llevarse al rival por delante sin una estrategia definida para el Mundial. Por suerte, no se repitió el desastre de Corea-Japón. Ahora, bajo la conducción y liderazgo de Javier Mascherano, la selección emerge como un duro rival, integrado por hombres que decidieron cambiar el rumbo de una historia que nació complicada. Las virtudes futbolísticas son pocas, pero el grupo se fraguó en plena competencia para demostrar que este deporte no es solo táctica y talento.