La ciencia prueba que Messi expuso su mejor versión en la Selección

 

En las últimas semanas, colegas, futbolistas, entrenadores, hinchas e influencers hemos coincidido en que Messi actuó “como nunca antes” en la Selección; tanto dentro como fuera de la cancha. Apreciamos un jugador determinante y un líder de grupo con un perfil más bajo de lo habitual, pero con una influencia notoria en el espíritu de grupo. Posiblemente, varios de esos aspectos no se puedan probar sabiamente, aunque sí encontré datos que ayudan a aclarecer la teoría de su “mejor versión”.

Argentina se consagró campeón de América tras 28 años de frustraciones y lo hizo (por fin) de la mano del mejor jugador del mundo. La presencia de un crack global en la Selección no es novedosa. Por cierto, para muchos, el más grande jugador de todos los tiempos nos acostumbró a esa sumisión devota desde 1977, cuando debutó en el equipo nacional que luego ganaría el Mundial ´78. Esa radiación magnética de Maradona duró 17 años y recaudó un título juvenil -Japón 1979- y el inolvidable Mundial de México ´86. Tras su retiro, el equipo argentino careció de un líder hipnótico durante 10 años; una década donde el representativo juvenil Sub-20 logró, paradójicamente, 3 copas del mundo sin un redentor.

Luego, emergió el sucesor de Diego y con la venida del nuevo salvador nacieron todo tipo de comparaciones, posibles legados, referencias y especulaciones. En la historia de la humanidad, ninguna religión tuvo dos mesías. En todo caso, algunas congregaciones debieron esperar siglos para la aparición de otro liberador, pero el equipo argentino lo halló 10 años después. Un milagro.

La sensación generalizada del proceso con Messi en la Selección estaba destinado al éxito. Como una profecía. Y ahí surgieron los problemas porque se forjó -coactivamente- un ambiente victorioso antes de cada certamen, agudizado por la constelación de estrellas que giraban alrededor de Lionel y que hicieron más trágico cada regreso a casa sin copas; cualquiera de ellas.

A diferencia de Messi, Maradona armó su historia con él mismo como protagonista y fue escrita en la mente de Diego desde -prácticamente- su nacimiento. La fábula se construyó a partir de un temperamento avasallante, con ese espíritu combativo que lo caracterizó y un liderazgo innato que la transformaron en realidad. Lio y Diego demostraron personalidades diferentes; no opuestas, pero sí muy desiguales porque cada uno edificó su vida por un camino distinto del otro, en ambientes contradictorios y en otras épocas. Sin embargo, ambos compartían creencias y solo le rezaban a la pelota: nadie la trató mejor que ellos.

Las derrotas y las finales perdidas con Lio no eran motivos válidos para el escarnio público. En cambio, sí fueron influyentes aquellas expresiones populistas donde la posta de uno pasaba a manos del otro, provocando un dramatismo excesivo en torno al nuevo Diez. Además, el encumbramiento de Messi no era profético ni estaba grabado en futuras e hipotéticas victorias. Pero hubo otras diferencias: así como Maradona siempre supo lo que vendría -por intuición, amor propio o convicción-, a Lio le quisieron escribir su historia por el reflejo del glorioso antecesor. Y resultó una carga innecesaria e incluso antinatural por diversos factores. Hoy, muchos se cruzaron de vereda tras la reciente conquista argentina.

•Antecedentes. Para comprender el contexto es necesario retroceder unas décadas: previo a los mundiales de Argentina ´78 y de México ´86, las posibilidades del triunfo argentino eran efímeras y los equipos no sentían la carga que le enfundaron a Lio. Es más, hasta el ciclo de Menotti el terreno era virgen y existía un halo de esperanzas más que de obligaciones. Posteriormente, tras el rotundo fracaso de España ´82 -donde allí sí se consideró a la Argentina como candidata al “bi” porque reforzó al campeón reinante con Maradona-, desde AFA se decretó otro “borrón y cuenta nueva”. Todo fue distinto y opuesto a lo anterior: con Bilardo se llegó a México sin nafta y bajo un total halo oscurantista y de desconfianza mediática (como si hubiésemos pasado de Durkheim a Marx en apenas cuatro años).

•La comparación: Muerto el rey, viva el rey”. Messi debió asumir un rol que tal vez no sentía o ni creyó justo arrogarse porque el mundo futbolístico así lo hubiese requerido. Hace unos años, escribí que “Messi es cerebro y pies” mientras que “Diego era cerebro, pies y corazón” (SF, 2015). En este momento quisiera ampliar aquella frase y asumir que Messi puede liderar, pero necesitó sentirse líder entre los no líderes como sucedió en la Copa América 2021, donde ya no vive la sombra de su amigo Mascherano, al igual que el resto de los referentes de la selección “fracasada”.

Ahora, vayamos adentrándonos lentamente en la estadística para encontrar algunas respuestas a una de las hipótesis de esta nota. Si bien el dato frío no ofrece contexto ni cuadro de situación, ubica en la órbita de la moderación al exigente clamor popular, hoy totalmente acallado. Tanto Lio como Diego ganaron un Mundial Juvenil. Además, Messi logró el oro Olímpico y Maradona la Copa del Mundo. En cambio, Lio pudo conquistar el ansiado título de América, algo que Diego no pudo.

La Selección había tenido previamente cuatro oportunidades de coronarse en el continente; tres de ellas con Messi: 2007, 2015 y 2016. Las dos últimas definiciones fueron posteriores a la otra gran final perdida en el Mundial de Brasil 2014 contra Alemania. Aún muy presentes en la retina de la triunfalista esfera futbolística, esa trilogía de derrotas consecutivas potenció la renuncia momentánea del jugador rosarino al seleccionado. En la vorágine de aquellas presiones, más la sucesión de Julio Grondona de por medio y las exigencias mediáticas -representadas por el periodismo y por la masa de usuarios de  redes sociales- nada pudo culminar bien en las experiencias de Rusia 2018 y la Copa América de 2019.

La idea de “refundar” la Selección volvió a sincronizarse como sucede ante cada naufragio. Nadie sabe cómo y por qué, pero Leonel Scaloni se hizo cargo de la joya más preciada del fútbol argentino sin haber cursado siquiera para timonel. A pesar de su inexperiencia, el entrenador supo atesorar el desastre de Rusia para comenzar a construir desde las cenizas; una situación cómoda para la AFA, pero también idónea cuando un proceso necesita arrancar desde cero. Esto destrabó el nudo de presiones y de obligaciones asumidas por dos generaciones de notables jugadores y entrenadores de elite que habían chocado el barco repetitivamente porque no supieron identificar la proa de la popa o el babor del estribor y que únicamente ungieron a Messi al control del timón, sin contemplar las necesidades de la tripulación.

Tras el cuadro de situación, volvemos a la Copa América, donde Messi lució diferente respecto a las versiones anteriores. Y me pregunto: ¿brilló o hubo algo más? ¿Jugó diferente? ¿Será por el nuevo plantel? ¿Argentina llegó con otro perfil? La mayoría de las interrogaciones podrían responderse afirmativamente con el argumento que elijan, incluso con otras ideas que aquí no figuran, pero para comprenderlo mejor busqué la forma de respaldar la tesis con datos. Si bien no es una investigación positivista, al menos traté de darle cierto rigor científico a la interpretación de la estadística y así alcanzar conclusiones sostenibles.

Como dijimos, vimos, leímos y escuchamos en diversos medios broadcasting, digitales y de redes (esto incluye a periodistas, influencers, público y usuarios, o lo que podríamos identificar como la “opinión pública futbolística unida”) hay cierta unanimidad en considerar que la actuación de Lionel Messi en toda la Copa América fue la mejor versión que hemos visto desde que juega en la Selección. Esa aseveración se puede evidenciar desde una apreciación futbolístico-empírica, basada en la observación de los hechos, es decir, mirando los partidos recientes de Messi con relación al desempeño del jugador en competiciones anteriores. Eso mismo pretendo verificar, pero desde los números. El astro es el goleador histórico (76) del conjunto nacional y también el de más presencias (151). Aunque le reclamábamos títulos…

Para el estudio, decidí recoger los datos de aquellos campeonatos que se disputaron en determinado tiempo y espacio; esto es Mundiales y Copas América. Me detuve en los valores útiles que un jugador como Messi le aportan al equipo desde el talento y su puesto: goles convertidos, asistencias y promedio de minutos jugados en cada competencia. Además, con esos números identifiqué específicamente aquellos goles y asistencias que determinaron el resultado del partido; es decir, aislando los datos de aquellos partidos donde Argentina ya había definido sus pleitos (por ejemplo, un tercer gol de Messi en una goleada 4-0). En definitiva, alcancé un coeficiente que denomino participación determinante. Pero es más simple la aclaración: la participación determinante de Messi es el índice que refleja la incidencia de Lionel en el resultado de un partido, ya sea con goles y/o asistencias. Repasemos en orden: 

  • El Mundial de Alemania 2006 prácticamente no cuenta en la estadística porque Lio era joven y aún suplente. Allí jugó 3 partidos con un promedio de 40 minutos por juego, con un gol y una asistencia en un mismo encuentro. La PD (participación determinante) fue de 1 sobre 3 partidos. Argentina fue eliminada en cuartos de final. 
  • Un año después, disputó la Copa América de Venezuela, donde jugó todos los partidos con un promedio de 76 minutos por juego y 2 goles anotados. La PD fue de 3 apariciones decisivas en 6 partidos, con una asistencia ganadora (para el 2 a 1) ante Estados Unidos. Argentina cayó contra Brasil en la final de 2007.
  • El Mundial 2010 con Maradona como entrenador generó demasiadas expectativas basadas en un encuentro mitológico entre los dos héroes generacionales. El Diez bis jugó todos los partidos completos con apenas una sola asistencia en toda la competencia. La PD fue de 1 sobre 3 y la Selección cayó en cuartos con Alemania.
  • Al próximo año, nuestro país organizó la Copa América y las esperanzas se renovaron. Lio disputó los 4 partidos completos con 3 asistencias totales, alcanzando una PD de 2 en 4 encuentros. Argentina fue rápidamente eliminada.
  • La Copa del Mundo de Brasil volvió a colocar al seleccionado nacional en lo más alto, a pesar de haber caído en una final muy pareja ante Alemania. Messi jugó los 7 encuentros (86 minutos promedio), más los alargues, anotando 4 goles y 1 asistencia. El registro indica que marcó ante Irán para ganar el pleito y también anotó dos veces contra Nigeria, más la asistencia para el triunfo ante Suiza. Su PD fue de 4 actuaciones categóricas en 7 partidos. Bastante mejor. 
  • Continuando con la serie de finales perdidas, la Copa América de Chile 2015 ofreció una nueva oportunidad de redención. Lionel aportó 1 gol y 3 asistencias, pero la participación determinante fue de 2 en los 6 juegos y no hubo título. Aquellas 3 asistencias ante un Paraguay goleado (6-1) fue su principal aporte antes de caer con Chile.
  • Algo similar ocurrió en la Copa Centenario: Argentina perdió nuevamente en la final ante Chile. ¿Y cómo le fue a Messi? Jugó 5 partidos, con un promedio de 69 minutos en cancha (más un alargue), con 5 goles anotados y 3 asistencias. En USA 2016 la PD de Lionel fue de 3 sobre 5 encuentros, siendo importante en las asistencias clave para derrotar a Venezuela y a EE.UU. Otro buen torneo de Lionel. 
  • Rusia 2018 fue olvidable y con  el equipo eliminado por el campeón. Messi jugó los 4 partidos completos, con un solo gol ante Nigeria y dos asistencias. Su PD fue de 2 sobre 4 encuentros disputados.
  • Al otro año, en la Copa América de Brasil 2019, el crack del Barcelona promedió 80 minutos por partido, con 1 gol, 1 asistencia y 1 expulsión. Su participación determinante fue de 2 sobre los 6 partidos, más un tercer puesto para el equipo.
  • Así llegamos a la Copa América de 2021, con números extraordinarios para Lionel, lo que permite identificar que aquellas apreciaciones sensoriales y “futboleras” sobre la mejor versión de Messi se sustenta en los datos. El camino de Argentina a otra final ante Brasil se sostuvo en rendimientos importantes, tanto individuales como colectivos y, a pesar de los cuestionamientos, las dudas y los altibajos del seleccionado, el rendimiento de Lio fue descomunal: jugó los 7 partidos completos, con 4 goles y 5 asistencias. Esto demuestra una participación determinante de Lio en 5 de los 7 encuentros. El PD más alto de Messi con la Argentina -y casi perfectamente decisivo- sobre cualquier otra competición anterior. Y aquel resbalón en el mano a mano con el arquero brasilero en la final le impidió elevar un punto este coeficiente…

Si bien en cierto que el análisis futbolístico requiere de otros aspectos de apreciación, como la conformación del grupo de jugadores, las sociedades que tenga Lio en el campo, los rivales, su posición en el terreno, la influencia del cuerpo técnico o los diversos momentos personales que puedan atravesar los integrantes de un equipo, resulta evidente que hay factores que han colaborado para concluir que la Selección y este nuevo Messi son diferentes a otras versiones. 

Los compañeros actuales de Lionel pertenecen a una generación que desconoce las derrotas y que no convivió con las viejas presiones. Cualquier referencia menor puede incidir como, por ejemplo, el abandono del entorno “grondonista” en la dirigencia. Todo se puede trasladar al grupo; tanto los aspectos positivos como los negativos. Y en esta Copa América no se detectaron elementos tóxicos. Así vimos a Messi luciendo su impronta de líder terrenal -y no divino-, como un integrante más del plantel, 

En el aspecto estrictamente deportivo, la Selección ha jugado bien, creció futbolísticamente, tiene pinceladas de funcionalidades colectivas interesantes, fortaleció su defensa, emergieron nuevas figuras y, para colmo, se consagró campeona en un proceso avanzado de recuperación, aún con las dudas que a veces revela un entrenador titubeante. Este ya no es un equipo en ruinas y Messi, a pesar de las mochilas que le intentaron imponer, solo buscó encausar su historia y la del Seleccionado. Crean o no crean en él. Y lo logró…

SF

PD: los términos "ciencia" o "científico" se utilizaron para imprimirle rigurosidad al estudio (no se me ofendan los académicos).