Comienza la competencia más importante del fútbol mundial. La cita es en el exótico Qatar, desde el 20 de noviembre. Conoce los perfiles y objetivos de las selecciones participantes. Las probables formaciones de los equipos y sus figuras. Datos importantes y el fixture de cada participante. Hoy, el Grupo B, con tres equipos anglosajones y un asiático: Inglaterra -favorito-, Estados Unidos, Gales e Irán.
Análisis tácticos y estratégicos. Editoriales y noticias. Los Mundiales de Fútbol. Por Santiago Figueredo
02 noviembre 2022
01 noviembre 2022
Catar 2022 - Grupo A: Países Bajos regresa a la Copa con su sello característico
Comienza la competencia más importante del fútbol mundial. La cita es en el exótico Qatar, desde el 20 de noviembre. Conoce los perfiles y objetivos de las selecciones participantes. Las probables formaciones de los equipos y sus figuras. Datos importantes y el fixture de cada participante. Hoy, el Grupo A: Países Bajos, Qatar, Ecuador y Senegal. Uno de los mas dificiles por la paridad de los equipos.
10 octubre 2022
No es el VAR, son las reglas
La introducción del VAR (video assistant referee) en el fútbol continúa
generando discusiones en algunas latitudes. En Argentina -y en otros países de
Sudamérica- las críticas se suceden por las decisiones arbitrales en las ligas locales y en los eventos de Conmebol. En muchos casos, parecería que el VAR dirige
los partidos dejando en ridículo a los jueces, pero la sensación es que esta
herramienta tecnológico-humana llegó para crear “otro” deporte.
Antes
que nada, me atrevo a disociar tres niveles relacionados al progreso del
deporte: el reglamento del fútbol, el juego practicado y la tecnología
a disposición, ya que estos tres espacios no han evolucionado de manera
conjunta.
Así
como los avances tecnológicos aplicados al deporte contribuyen con datos e información,
la implementación del VAR fue impuesta de facto a raíz de los fracasos arbitrales e improvisaciones dirigenciales -motivadas
por conclusiones equívocas sobre el juego- y también porque se intentó introducir el sistema que fuera exitoso en otras disciplinas, creyendo que solucionarían los problemas.
Tras
el Mundial de Italia 1990, donde para muchos el aspecto defensivo venció al
ataque, la FIFA tomó el guante, masticó el concepto y realizó algunas variantes normativas con la
finalidad de recuperar el fútbol “ofensivo”: castigó el pase al arquero y
premió con 3 puntos al equipo ganador del partido. Este impulso sí fue determinante y eficaz, pero fue el único cambio real en décedas porque la mayoría de las reglas
se mantuvieron iguales, a excepción de algunas mutaciones irrelevantes. Sólo hubo alteraciones "apreciativas" del reglamento, relacionadas a las manos dentro del área o a la posición adelantada. Y todas aportaron desconcierto.
Después de un tiempo, el fútbol pareció descubrir cierta mejoría en el juego, aunque -seguramente- las verdaderas revoluciones llegaron simultáneamente con otros acontecimientos. La ley Bosman admitió la libre circulación de futbolistas europeos, provocando un efecto en cadena de importación de jugadores del resto de los continentes. Esa riqueza multirracial y multicultural -también evidenciada por las crecientes olas migratorias- comprobó el surgimiento de nuevos talentos y de otras formas de ver el fútbol, incitando una apertura del pensamiento futbolístico donde se dejó de encasillar las cualidades técnicas de los deportistas según su procedencia. En definitiva, las gambetas ya no serían de exclusividad sudamericana, la velocidad dejaría de ser dominio de los africanos y la disciplina táctica no sería únicamente europea.
La “mixtura” no sólo fue técnica,
sino estratégica ya que muchos entrenadores abandonaron su pertenencia en las
tendencias ideológicas tradicionales para darle forma a nuevos “credos”: Bilardistas
y Menottistas tuvieron que adaptarse o extinguirse…
En relación a las reglas del
fútbol, las otras reformas trascendentes habían ocurrido mucho antes del
Mundial de Italia. Hay que retroceder a la década del ’60 para encontrar cambios
importantes, como la introducción de las tarjetas para sancionar a los
jugadores, lo que concedió que el fútbol sea menos violento.
De Italia ’90 a la actualidad, el Mundial de Rusia 2018 fue el puntapié
inicial para la imposición global del VAR; una tecnología audiovisual controlada
por humanos. Y muchos la celebraron, justificando que a partir de ello “no
habría más injusticias en el fútbol”. Sin embargo, los escépticos se dieron
cuenta rápidamente que el primer objetivo de la FIFA era sancionar la mayor
cantidad de penales posible para acrecentar los goles en los partidos.
Retomando
la simbiosis propuesta entre reglas, juego y tecnología, ésta
última todavía no logró consensuar al mundo del fútbol en su injerencia con los
arbitrajes. Al momento, sí ha conseguido encajarse para la extracción de información,
ya sea para aportar datos duros, imágenes audiovisuales para los entrenadores, estudios
corporales para los médicos y preparadores físicos o las estadísticas para
periodistas y aplicaciones deportivas. A pesar de ello, los asuntos arbitrales
y las relativas al reglamento del fútbol no dejan de estimular las mayores polémicas.
Un
hecho trascendente en el Mundial de Alemania 2006 plantó una semilla que a
posteriori desencadenó la adquisición del VAR, como fue la decisión de
expulsar a Zinedine Zidane en la final entre Italia y Francia, cuando el
arbitro argentino Horacio Elizondo había sido asesorado por un juez asistente, quien advirtió el violento cabezazo del francés contra Marco Materazzi en un monitor de TV
instalado cerca de su posición.
Hoy en día, aún con el VAR como procedimiento de prueba, los goles dudosos, los penales supuestamente no sancionados, las faltas o acciones disciplinarias no atendidas por árbitros y asistentes y los offsides difíciles de detectar son escenas permanentes de un fútbol que convive -prácticamente- con las reglas originarias de un deporte que progresó en otras facetas.
En principio, la evolución del fútbol podría advertirse en: a) el ritmo de los partidos por la aceleración
del juego -tras la aparición de un jugador más atlético y veloz-, b)
un idéntico resultado del punto anterior al utilizar una pelota cada vez más
liviana y, por lo tanto, que gravita diferente, c) la mentalidad del deportista
y de los estrategas, traccionados por aquellas variantes, y que debieron
implementar tácticas modernas ante un juego más vertiginoso, y d) la aplicación
de la tecnología en servicio del deporte.
Sobre este último punto hay cuestiones no resueltas en cuanto a la utilización del VAR porque -en muchos casos- aporta confusiones. ¿O será que está mal aplicado? ¿o los árbitros no están a la altura? ¿o el sistema está tan viciado por el poder que las suspicacias existirán siempre? ¿es una cuestión de incredulidad en la herramienta o hacia las personas que deciden?
En
el caso de Sudamérica, los arbitrajes tendenciosos han creado en el ambiente -a
nivel Conmebol y AFA- un cúmulo de sospechas que, en
muchos casos, rozan las conjeturas éticas y morales.
Sea
cual fueren los motivos, las autoridades y las instituciones que administran el
fútbol no sólo deberían apuntar a reducir el error arbitral, sino también
a acrecentar el factor confianza. Y para ello habría que delinear un territorio
más justo, equitativo e imparcial. ¿Cómo? En gran parte, reestructurando y ampliando
el reglamento del fútbol con reglas mucho más específicas. Sabido es que -en distintos ámbitos- un
espacio de justicia con pautas concretas, definidas y delimitadas disminuyen la
posibilidad del error, pero también achican las diversas interpretaciones que
cada arbitro asuma o que cada espectador, jugador, protagonista o entrenador crea
de cada acción.
Si
la FIFA considera que la instrumentación de ciertas herramientas técnicas no
implica un avance en las reglas, están equivocados. Lo que necesita el fútbol
es un nuevo reglamento que no deje librado al azar los argumentos de
interpretación porque, incluso gracias al VAR, se evidencian las supuestas injusticias,
pero también los errores de los árbitros.
El reglamento de hoy, así como está publicado, consta de 17 reglas. Las primeras siete son relativas al terreno, la pelota, los jugadores, su equipamiento, el arbitro y sus asistentes y la duración del partido. Esto es prácticamente medio tomo. A partir de la regla 8 se detalla superficialmente la normativa del juego propiamente dicho: el inicio, la reanudación, el fuera de juego, el gol, las faltas e incorrecciones, los tiros libres y penales y todo tipo de saques. Son apenas 20 páginas que cualquier individuo con capacidad de lectura podría examinarlo en media hora. Pese a ello, la FIFA adosó un anexo con las interpretaciones de algunas reglas, haciendo énfasis en el desempeño arbitral y el de sus asistentes.
En tanto, la International Football Association Board es la encargada de definir las reglas del fútbol a nivel mundial, pero no da la sensación de que hayan tomado su trabajo con seriedad. Por eso, sería importante que se revisen las normas más polémicas, como las manos y fules adentro del área y la ley del offside ya que, por lo dicho anteriormente, el fútbol se mantiene prácticamente con una base reglamentaria de casi 100 años.
Lo que aquí se pretende es que el reglamento del futbol sea mas especifico, sobre todo con las pautas relativas al juego, a las faltas e incorrecciones y a las jugadas de fuera de juego. Una acción similar realizada en distintos partidos es interpretada de diversas formas por los árbitros, pero de haber un detalle que identifique todas las posibilidades de una falta, por ejemplo, como la acción de tocar la pelota con la mano dentro de la propia área, rebajaría el margen de error arbitral.
Un aporte: no todas las manos en el área merecen la injusta sanción del penal en contra. Si la pena identificara que las manos que evitan un gol (Kempes ante Polonia en 1978) son punibles de un penal, mientras que el resto culminen con -por ejemplo- un tiro libre indirecto (dentro o fuera del área), habría cierto equilibrio y no tanto dramatismo. Y el VAR eso no lo resuelve. Es más, sería muy esclarecedor que el reglamento señale la diferencia entre "tocar el balón" y que "le pegue en la mano". La intensionalidad debería reforzarse.
El VAR no es nuevo ni originario del fútbol, sino que fue importado desde otros deportes que trabajaban con métodos similares. Cuando la NFL (national football league) decidió incorporar la tecnología para la revisión de las jugadas de forma oficial en la década del ’80 -tras casi 20 años de experimentación- lo hizo para ayudar a los árbitros en la toma de decisiones y no para controlarlo.
Esto
no implica que la aplicación del VAR en el fútbol deba realizarse de la misma
forma que en los deportes donde "triunfó" la revisión televisiva para
jugadas controversiales. Por ejemplo, en el tenis, el “ojo de halcón” es
utilizado básicamente para cerciorarse dónde pica la pelota. Es un dato
fáctico, real y visible.
En la NFL la revisión de video fue exitosa en parte
porque la esencia de aquel juego es inversa a la de nuestro fútbol: se
trata de un juego de cortes e interrupciones permanentes, determinados
en lapsos mínimos de tiempo, donde cada jugada dura un máximo 6 segundos
promedio. En cambio, el fútbol es un juego de continuidad. Por eso, tanto
el reglamento del football americano como su práctica están constituidos sobre una
dinámica muy distinta. Asimismo, su reglamento es un libro gigantesco, donde cada norma cuenta en detalle las posibles acciones dentro del terreno de juego. No son 20 páginas…
Será
importante considerar que el fútbol no debería someterse a la tecnología
ni depender de ella porque la herramienta debería utilizarse como servicio o
soporte, como ocurre en otros deportes. Además, en el football
americano el tiempo y el espacio son el mayor atributo del juego. En el fútbol
no. Por eso, es clave que el reglamento acompañe el espíritu del juego, en vez de mutilarlo de a poco.
La experiencia
reciente del uso del VAR en Sudamérica -expuestas sobre todo en las últimas Copas
Libertadores- reveló que, además de resolver acciones dudosas o polémicas, es
posible “inventar” jugadas que no fueron percibidas por los sentidos humanos en
tres dimensiones. La posibilidad de contar con una pantalla plana, bidimensional,
que no puede interpretar superficies, ímpetus, intensiones y, por lo tanto, ciertas "realidades", no resuelve las verosimilitudes. En todo caso se ajusta el ojo del
hombre a una pantalla plana. Y la foto no es la jugada.
Bajo
estas apreciaciones, el VAR podría usarse para algunas ocasiones puntuales: por
ejemplo, cuando la pelota ingresa o no en el arco, en los offsides -con nuevos criterios a revisar con urgencia- o para confirmar
los goles convertidos. Creer que la repetición de video sea la que asuma la mayoría
de las decisiones en un partido parece bochornoso y, lo más importante, es que destruye
la esencia de un juego de continuidad.
Entiendo que la tecnología debería estar al servicio del deporte y no al revés. Además, el VAR se aplica mal porque pareciera que la herramienta -por intermedio de otros hombres- es la que termina juzgando y no funciona para lo que fue creada: ayudar al árbitro.
En
definitiva, las pantallas deberían ser un método de colaboración con los árbitros,
una herramienta de apoyo ante la duda, y no ser parte de un juicio público. Y otro de los problemas que afronta este procedimiento de revisión por imágenes de
video es que los árbitros pueden llegar a demorar varios minutos en tomar una decisión,
algo que en un deporte de continuidad no debería ocurrir.
Tanto
la FIFA como sus asociados creyeron que el VAR llegaría como la solución a los problemas
arbitrales, sin comprender que el error humano acompañaba las imperfecciones
reglamentarias. El intento de mejorar el arbitraje, incluso con la tecnología o
con la decisión de elevar la cantidad de jueces en un partido, no puede darse
si todo lo demás ha evolucionado menos sus leyes.
El fútbol -como cualquier disciplina- siempre deberá convivir con el error arbitral, mientras que la repetición por video mal aplicada podría desnaturalizar el juego, aun habiendo cumplido con resolver todos los fallos controversiales. Por lo tanto, el principal problema del tema arbitral en general está en la falta de especificidad en las reglas de juego porque se habilita el libre albedrío de la interpretación.
Las leyes deben seguir el propósito del equilibrio. Sin embargo, la FIFA tiene una visión inquisidora cuando argumenta "modificar" algunas pautas porque en ellas predomina el espíritu del castigo por encima del aprendizaje, incluso de la justicia.
10 julio 2021
La ciencia prueba que Messi expuso su mejor versión en la Selección
En las últimas semanas, colegas, futbolistas, entrenadores, hinchas e influencers hemos coincidido en que Messi actuó “como nunca antes” en la Selección; tanto dentro como fuera de la cancha. Apreciamos un jugador determinante y un líder de grupo con un perfil más bajo de lo habitual, pero con una influencia notoria en el espíritu de grupo. Posiblemente, varios de esos aspectos no se puedan probar sabiamente, aunque sí encontré datos que ayudan a aclarecer la teoría de su “mejor versión”.
Argentina se consagró campeón de
América tras 28 años de frustraciones y lo hizo (por fin) de la mano del mejor
jugador del mundo. La presencia de un crack global en la Selección no es novedosa.
Por cierto, para muchos, el más grande jugador de todos los tiempos nos
acostumbró a esa sumisión devota desde 1977, cuando debutó en el equipo
nacional que luego ganaría el Mundial ´78. Esa radiación magnética de Maradona
duró 17 años y recaudó un título juvenil -Japón 1979- y el inolvidable Mundial
de México ´86. Tras su retiro, el equipo argentino careció de un líder hipnótico
durante 10 años; una década donde el representativo juvenil Sub-20 logró, paradójicamente,
3 copas del mundo sin un redentor.
Luego, emergió el sucesor de
Diego y con la venida del nuevo salvador nacieron todo tipo de comparaciones, posibles
legados, referencias y especulaciones. En la historia de la humanidad, ninguna
religión tuvo dos mesías. En todo caso, algunas congregaciones debieron esperar
siglos para la aparición de otro liberador, pero el equipo argentino lo halló 10
años después. Un milagro.
La sensación generalizada del
proceso con Messi en la Selección estaba destinado al éxito. Como una profecía.
Y ahí surgieron los problemas porque se forjó -coactivamente- un
ambiente victorioso antes de cada certamen, agudizado por la constelación de
estrellas que giraban alrededor de Lionel y que hicieron más trágico cada
regreso a casa sin copas; cualquiera de ellas.
A diferencia de Messi, Maradona
armó su historia con él mismo como protagonista y fue escrita en la mente de
Diego desde -prácticamente- su nacimiento. La fábula se construyó a partir de un
temperamento avasallante, con ese espíritu combativo que lo caracterizó y un
liderazgo innato que la transformaron en realidad. Lio y Diego demostraron
personalidades diferentes; no opuestas, pero sí muy desiguales porque cada uno edificó
su vida por un camino distinto del otro, en ambientes contradictorios
y en otras épocas. Sin embargo, ambos compartían creencias y solo le rezaban a la
pelota: nadie la trató mejor que ellos.
Las derrotas y las finales
perdidas con Lio no eran motivos válidos para el escarnio público. En cambio, sí
fueron influyentes aquellas expresiones populistas donde la posta de uno pasaba
a manos del otro, provocando un dramatismo excesivo en torno al nuevo Diez.
Además, el encumbramiento de Messi no era profético ni estaba
grabado en futuras e hipotéticas victorias. Pero hubo otras diferencias: así
como Maradona siempre supo lo que vendría -por intuición, amor propio o
convicción-, a Lio le quisieron escribir su historia por el reflejo
del glorioso antecesor. Y resultó una carga innecesaria e incluso antinatural
por diversos factores. Hoy, muchos se cruzaron de vereda tras la reciente
conquista argentina.
•Antecedentes. Para comprender el contexto es necesario
retroceder unas décadas: previo a los mundiales de Argentina ´78 y de México
´86, las posibilidades del triunfo argentino eran efímeras y los equipos no
sentían la carga que le enfundaron a Lio. Es más, hasta el ciclo de Menotti el
terreno era virgen y existía un halo de esperanzas más que de
obligaciones. Posteriormente, tras el rotundo fracaso de España ´82 -donde allí
sí se consideró a la Argentina como candidata al “bi” porque reforzó al campeón
reinante con Maradona-, desde AFA se decretó otro “borrón y cuenta nueva”. Todo fue distinto y opuesto a lo anterior: con Bilardo se llegó a México sin
nafta y bajo un total halo oscurantista y de desconfianza mediática (como si
hubiésemos pasado de Durkheim a Marx en apenas cuatro años).
•La comparación: “Muerto el rey, viva el rey”. Messi debió asumir un rol que tal vez no sentía o ni creyó justo
arrogarse porque el mundo futbolístico así lo hubiese requerido. Hace unos
años, escribí que “Messi es cerebro y pies” mientras que “Diego era cerebro,
pies y corazón” (SF, 2015). En este momento quisiera ampliar aquella frase y asumir
que Messi puede liderar, pero necesitó sentirse líder entre los no
líderes como sucedió en la Copa América 2021, donde ya no vive la
sombra de su amigo Mascherano, al igual que el resto de los referentes de la
selección “fracasada”.
Ahora, vayamos adentrándonos
lentamente en la estadística para encontrar algunas respuestas a una de las
hipótesis de esta nota. Si bien el dato frío no ofrece contexto ni cuadro de
situación, ubica en la órbita de la moderación al exigente clamor popular, hoy totalmente
acallado. Tanto Lio como Diego ganaron un Mundial Juvenil. Además, Messi
logró el oro Olímpico y Maradona la Copa del Mundo. En cambio, Lio pudo
conquistar el ansiado título de América, algo que Diego no pudo.
La Selección había tenido previamente cuatro oportunidades de coronarse en el continente; tres de ellas con Messi: 2007, 2015 y 2016. Las dos últimas definiciones fueron posteriores a la otra gran final perdida en el Mundial de Brasil 2014 contra Alemania. Aún muy presentes en la retina de la triunfalista esfera futbolística, esa trilogía de derrotas consecutivas potenció la renuncia momentánea del jugador rosarino al seleccionado. En la vorágine de aquellas presiones, más la sucesión de Julio Grondona de por medio y las exigencias mediáticas -representadas por el periodismo y por la masa de usuarios de redes sociales- nada pudo culminar bien en las experiencias de Rusia 2018 y la Copa América de 2019.
La idea de “refundar” la
Selección volvió a sincronizarse como sucede ante cada naufragio. Nadie sabe
cómo y por qué, pero Leonel Scaloni se hizo cargo de la joya más preciada del
fútbol argentino sin haber cursado siquiera para timonel. A pesar de su
inexperiencia, el entrenador supo atesorar el desastre de Rusia para comenzar a
construir desde las cenizas; una situación cómoda para la AFA,
pero también idónea cuando un proceso necesita arrancar desde cero. Esto
destrabó el nudo de presiones y de obligaciones asumidas por dos generaciones
de notables jugadores y entrenadores de elite que habían chocado el barco
repetitivamente porque no supieron identificar la proa de la popa o el babor
del estribor y que únicamente ungieron a Messi al control del timón, sin
contemplar las necesidades de la tripulación.
Tras el cuadro de situación, volvemos
a la Copa América, donde Messi lució diferente respecto a las versiones anteriores.
Y me pregunto: ¿brilló o hubo algo más? ¿Jugó diferente? ¿Será por el nuevo
plantel? ¿Argentina llegó con otro perfil? La mayoría de las interrogaciones
podrían responderse afirmativamente con el argumento que elijan, incluso con
otras ideas que aquí no figuran, pero para comprenderlo mejor busqué la forma
de respaldar la tesis con datos. Si bien no es una investigación positivista,
al menos traté de darle cierto rigor científico a la interpretación de la
estadística y así alcanzar conclusiones sostenibles.
Como dijimos, vimos, leímos y escuchamos en diversos medios broadcasting, digitales y de redes (esto incluye a periodistas, influencers, público y usuarios, o lo que podríamos identificar como la “opinión pública futbolística unida”) hay cierta unanimidad en considerar que la actuación de Lionel Messi en toda la Copa América fue la mejor versión que hemos visto desde que juega en la Selección. Esa aseveración se puede evidenciar desde una apreciación futbolístico-empírica, basada en la observación de los hechos, es decir, mirando los partidos recientes de Messi con relación al desempeño del jugador en competiciones anteriores. Eso mismo pretendo verificar, pero desde los números. El astro es el goleador histórico (76) del conjunto nacional y también el de más presencias (151). Aunque le reclamábamos títulos…
Para el estudio, decidí recoger
los datos de aquellos campeonatos que se disputaron en determinado tiempo y
espacio; esto es Mundiales y Copas América. Me detuve en los valores útiles que
un jugador como Messi le aportan al equipo desde el talento y su puesto: goles
convertidos, asistencias y promedio de minutos jugados en cada competencia. Además,
con esos números identifiqué específicamente aquellos goles y asistencias que determinaron
el resultado del partido; es decir, aislando los datos de aquellos
partidos donde Argentina ya había definido sus pleitos (por ejemplo, un tercer
gol de Messi en una goleada 4-0). En definitiva, alcancé un coeficiente que
denomino participación determinante. Pero es más simple la
aclaración: la participación determinante de Messi es el índice que
refleja la incidencia de Lionel en el resultado de un partido, ya sea con goles
y/o asistencias. Repasemos en orden:
- El Mundial de Alemania 2006 prácticamente no cuenta en la estadística porque Lio era joven y aún suplente. Allí jugó 3 partidos con un promedio de 40 minutos por juego, con un gol y una asistencia en un mismo encuentro. La PD (participación determinante) fue de 1 sobre 3 partidos. Argentina fue eliminada en cuartos de final.
- Un año después, disputó la Copa América de Venezuela, donde jugó todos los partidos con un promedio de 76 minutos por juego y 2 goles anotados. La PD fue de 3 apariciones decisivas en 6 partidos, con una asistencia ganadora (para el 2 a 1) ante Estados Unidos. Argentina cayó contra Brasil en la final de 2007.
- El Mundial 2010 con Maradona como entrenador generó demasiadas expectativas basadas en un encuentro mitológico entre los dos héroes generacionales. El Diez bis jugó todos los partidos completos con apenas una sola asistencia en toda la competencia. La PD fue de 1 sobre 3 y la Selección cayó en cuartos con Alemania.
- Al próximo año, nuestro país organizó la Copa América y las esperanzas se renovaron. Lio disputó los 4 partidos completos con 3 asistencias totales, alcanzando una PD de 2 en 4 encuentros. Argentina fue rápidamente eliminada.
- La Copa del Mundo de Brasil volvió a colocar al seleccionado nacional en lo más alto, a pesar de haber caído en una final muy pareja ante Alemania. Messi jugó los 7 encuentros (86 minutos promedio), más los alargues, anotando 4 goles y 1 asistencia. El registro indica que marcó ante Irán para ganar el pleito y también anotó dos veces contra Nigeria, más la asistencia para el triunfo ante Suiza. Su PD fue de 4 actuaciones categóricas en 7 partidos. Bastante mejor.
- Continuando con la serie de finales perdidas, la Copa América de Chile 2015 ofreció una nueva oportunidad de redención. Lionel aportó 1 gol y 3 asistencias, pero la participación determinante fue de 2 en los 6 juegos y no hubo título. Aquellas 3 asistencias ante un Paraguay goleado (6-1) fue su principal aporte antes de caer con Chile.
- Algo similar ocurrió en la Copa Centenario: Argentina perdió nuevamente en la final ante Chile. ¿Y cómo le fue a Messi? Jugó 5 partidos, con un promedio de 69 minutos en cancha (más un alargue), con 5 goles anotados y 3 asistencias. En USA 2016 la PD de Lionel fue de 3 sobre 5 encuentros, siendo importante en las asistencias clave para derrotar a Venezuela y a EE.UU. Otro buen torneo de Lionel.
- Rusia 2018 fue olvidable y con el equipo eliminado por el campeón. Messi jugó los 4 partidos completos, con un solo gol ante Nigeria y dos asistencias. Su PD fue de 2 sobre 4 encuentros disputados.
- Al otro año, en la Copa América de Brasil 2019, el crack del Barcelona promedió 80 minutos por partido, con 1 gol, 1 asistencia y 1 expulsión. Su participación determinante fue de 2 sobre los 6 partidos, más un tercer puesto para el equipo.
- Así llegamos a la Copa América de 2021, con números extraordinarios para Lionel, lo que permite identificar que aquellas apreciaciones sensoriales y “futboleras” sobre la mejor versión de Messi se sustenta en los datos. El camino de Argentina a otra final ante Brasil se sostuvo en rendimientos importantes, tanto individuales como colectivos y, a pesar de los cuestionamientos, las dudas y los altibajos del seleccionado, el rendimiento de Lio fue descomunal: jugó los 7 partidos completos, con 4 goles y 5 asistencias. Esto demuestra una participación determinante de Lio en 5 de los 7 encuentros. El PD más alto de Messi con la Argentina -y casi perfectamente decisivo- sobre cualquier otra competición anterior. Y aquel resbalón en el mano a mano con el arquero brasilero en la final le impidió elevar un punto este coeficiente…
Si bien en cierto que el análisis futbolístico requiere de otros aspectos de apreciación, como la conformación del grupo de jugadores, las sociedades que tenga Lio en el campo, los rivales, su posición en el terreno, la influencia del cuerpo técnico o los diversos momentos personales que puedan atravesar los integrantes de un equipo, resulta evidente que hay factores que han colaborado para concluir que la Selección y este nuevo Messi son diferentes a otras versiones.
Los compañeros actuales de Lionel pertenecen a una generación que desconoce las derrotas y que no convivió con las viejas presiones. Cualquier referencia menor puede incidir como, por ejemplo, el abandono del entorno “grondonista” en la dirigencia. Todo se puede trasladar al grupo; tanto los aspectos positivos como los negativos. Y en esta Copa América no se detectaron elementos tóxicos. Así vimos a Messi luciendo su impronta de líder terrenal -y no divino-, como un integrante más del plantel,
En el aspecto estrictamente
deportivo, la Selección ha jugado bien, creció futbolísticamente, tiene
pinceladas de funcionalidades colectivas interesantes, fortaleció su defensa,
emergieron nuevas figuras y, para colmo, se consagró campeona en un proceso avanzado
de recuperación, aún con las dudas que a veces revela un entrenador titubeante. Este ya no es un equipo en ruinas y Messi, a pesar de las
mochilas que le intentaron imponer, solo buscó encausar su historia y la del
Seleccionado. Crean o no crean en él. Y lo logró…
12 octubre 2020
Europa: ¿el único objetivo del futbolista?
¿Desde cuándo y por qué? Desde hace algunas décadas, formamos parte de una sociedad globalizada, la que nos seduce desde la conectividad y donde las experiencias sensoriales no son vividas, sino transmitidas; un universo de usuarios que nos transportan sobre una marea de datos para hacernos creer que la vida es lo que sucede en las redes sociales, en lo que nos muestra Netflix o en los desafíos que nos propone un juego de PlayStation.
La espectacularidad de los eventos deportivos más trascendentes, con sus shows de apertura y cierre, las premiaciones y los recitales -con juegos de luces, drones, fuegos artificiales y efectos hollywoodenses- ofrecen un marco único para hechizar al televidente y a todo deportista amateur. Además, las cifras disponibles para el reparto de las ganancias entre los competidores -en dólares o euros- y la posibilidad de acceder al prestigioso paraíso de las celebridades, son algunas de las nuevas prioridades de los futuros profesionales.
Cuando los medios de comunicación broadcasting -radio, periódicos, TV- dominaban la esfera social, los pequeños futbolistas fantaseaban con un reportaje en los programas del "Gordo" Muñoz o de Victor Hugo Morales, con aparecer en Fútbol de Primera y decir "muevo yo, Mauro..." o con eternizar una foto y su apellido en las páginas de los diarios. En aquellos tiempos, muy pocos profesionales militaban -y triunfaban- en Europa; participar de la Copa Libertadores era como viajar a otra galaxia, y se transmitían por televisión solo dos partidos del fútbol local por semana. Nada más. De modo que, para enterarte de lo que sucedía con Kempes o con Ardiles en el viejo continente –por ejemplo- había que esperar algún reportaje en El Gráfico.
"Esperar". Una palabra clave para comprender el mundo de ayer y el de hoy, donde la espera está determinada por segundos, mientras que hace 30 años -o más- las expectativas eran regidas por la llegada de una carta al buzón de tu casa, por un llamado telefónico, en sintonizar Fútbol de Primera los domingos, poder escuchar una tira deportiva en radio o en ir a comprar El Gráfico los martes a la mañana. Así, la semana era una construcción de tiempos con espacios; con rutinas, claro, pero también eran momentos de espontaneidad, donde el fútbol parecía una experiencia compartida sin distancias: a la pelota se jugaba en terrenos baldíos o en plazas, las figuritas de tus ídolos se ganaban en el patio de la escuela, mientras las discusiones de los partidos se daban en la fábrica, en la oficina, en el café y en la vereda. Hoy, algunas prácticas todavía se sostienen en aquellos campos sociales reales, en los cuales el juego sigue siendo el principal hábito de aspiración para el deportista del mañana.
Sin embargo, en esta época globalizada, las relaciones sociales se expandieron hacia una tercera dimensión, donde la experiencia además es virtual. Precisamente, la hiperconectividad redujo las medidas de tiempo y espacio: las noticias ya no se "esperan" -como el correo o el programa de TV-, sino que "te llegan" a la velocidad de la luz. La actual era de la "ansiedad" aceleró los períodos del deseo, aunque liberó a la adolescencia hasta eternizarla y convertirla en la etapa más dilatada del ser humano.
El fútbol -como todo lo virtualizado- es percibido mediante diversos dispositivos, plataformas y medios, de manera transmedial, siendo la comunicación la fuente principal de aquellas experiencias que se invaden constantemente desde un discurso hacia otro. El fútbol se practica en las plazas, en los clubes, en los terrenos y en las canchas, pero también se "juega" en la PlayStation o en la Xbox, y se mira por televisión, en YouTube o en cualquier herramienta digital. No obstante, la oferta del juego virtual y de la observación desde las pantallas son infinitas e irresistibles: en la PlayStation podés ganar interpretando a Messi o a Cristiano, mientras que los shows desplegados en los eventos televisados no se ven en las canchas del fútbol argentino.
Una práctica nacional devaluada por diversos motivos que obedecen -sobre todo- a una problemática organizativa y de identificaciones fallidas. El "ganar a toda costa" empoderó a la victoria como única situación posible. El campeón se lleva todo, hasta la popularidad: cosechar seguidores y sumar "me gusta" es factor de aceptación. En el fútbol, los títulos obtenidos garantizan aquella misma valoración mediática, pero en el terreno de juego. Ya no se pregunta "¿de qué sos hincha?" sino "¿sos de River o de Boca?". En los últimos años, Boca y River acumularon la mayoría de los títulos en disputa, tanto locales como internacionales, elevando el Superclásico hasta el ámbito continental. Se trata de una rivalidad global, no local, y esa proyección se cristalizó como un propósito natural. Ideal para el show-business.
El entretenimiento puede más y la tecnología ayuda a esparcirlo por todo el planeta. La NBA tiene mayor rating que la Liga Nacional de Básquet, un Mundial de Fútbol paraliza al país, la Copa Libertadores es la "única" obsesión y ya no alcanzan los campeonatos locales para garantizar el éxito. El modelo "Champions League" y los sucesos que ofrecen los Juegos Olímpicos fueron dominando las pantallas, seduciendo a los televidentes y a los jugadores de “la Play”. Lo mismo sucede con la Fórmula Uno, la NFL o las ligas continentales de cualquier deporte. Todo apunta al deporte global.
La perspectiva se agudizó con las redes sociales, que le imprimieron a los usuarios un sentido de pertenencia trivial, donde solo los "influencers" y las celebridades –más que nada de rango internacional- emergen como modelos a seguir y –en consecuencia- a imitar. Por eso, lo local es demasiado terrenal y "queda chico", "no alcanza". Lo global "es lo que va" porque el mundo conocido se expandió desde la calle de tierra -donde pateábamos la pelota- hasta el Estadio de Wembley o el Bernabeu. El hombre ya no contempla únicamente su entorno físico y busca traspasar nuevas fronteras, influenciado por las tecnologías dominantes. Las luces, el dinero y la fama son las claves del éxito real y virtual. Hace unas décadas, Europa era un sueño prácticamente inalcanzable, pero hoy es “él” objetivo de todo futbolista. Eso sí: lo más rápido posible...
01 junio 2019
Las cábalas en el fútbol argentino (una historia de fortunas)
En el
ambiente futbolístico se considera que las instancias que definen un partido
están subordinadas a una serie de argumentos –en general- deportivos: Por un
lado están los valores tácticos y estratégicos; paralelamente, las cuestiones
técnicas y los talentos de los jugadores; pero también aparecen las decisiones
de los árbitros y las virtudes que oponen los rivales. Sin embargo, hay otro
factor importante y que muchos destacan: la suerte.



